Tres mecanismos, un problema de vocabulario
Entra en cualquier tienda de productos naturales y verás pruebas de sensibilidad que afirman diagnosticar reacciones alimentarias. Sin embargo, los términos alergia, intolerancia y sensibilidad describen mecanismos biológicamente distintos que requieren enfoques diagnósticos y terapéuticos completamente diferentes. Confundirlos tiene consecuencias clínicas reales.
Alergia alimentaria: el sistema inmunitario reacciona en exceso
Una verdadera alergia alimentaria involucra al sistema inmunitario adaptativo. En la alergia mediada por IgE (hipersensibilidad tipo I), la primera exposición sensibiliza al sistema inmunitario, que produce IgE específica. En exposiciones posteriores, el alérgeno se une a la IgE en los mastocitos, desencadenando la degranulación con liberación de histamina, leucotrienos y prostaglandinas. Los síntomas van desde urticaria y angioedema hasta anafilaxia potencialmente mortal.
La alergia alimentaria no mediada por IgE también existe. El síndrome de enterocolitis inducida por proteínas alimentarias (FPIES) desencadena vómitos y diarrea severos 2-4 horas después de la ingesta sin IgE detectable. La proctocolitis alérgica causa sangre en heces en lactantes amamantados. Estas condiciones son inmunomediadas pero no aparecen en las pruebas de alergia estándar (prick test, IgE específica).
Intolerancia alimentaria: un problema enzimático o de transporte
La intolerancia alimentaria es no inmunitaria. El ejemplo más común es la intolerancia a la lactosa, donde la actividad insuficiente de lactasa impide la digestión de la lactosa. La fructosa depende de GLUT5, un transportador de capacidad limitada. La histamina en alimentos fermentados puede causar síntomas cuando la enzima DAO es insuficiente.
Las intolerancias son típicamente dosis-dependientes: un poco de leche en el té puede tolerarse, pero un vaso grande desencadena síntomas. Los síntomas están confinados al tracto GI (hinchazón, gases, diarrea, dolor) y nunca causan anafilaxia. Esto contrasta fundamentalmente con las alergias IgE, donde cantidades mínimas pueden desencadenar reacciones sistémicas.
Sensibilidad alimentaria: la zona gris
La sensibilidad alimentaria es la categoría menos bien definida. La SGNC pertenece aquí — los síntomas son reproducibles pero no se identifican mecanismos inmunitarios clásicos ni deficiencias enzimáticas. Las sensibilidades a los salicilatos, aminas e histamina también entran en esta categoría. La respuesta nocebo puede contribuir en algunos casos.
El problema de las pruebas de IgG
Los paneles comerciales de sensibilidad alimentaria IgG están ampliamente comercializados pero no están validados para diagnosticar intolerancias o sensibilidades alimentarias. La IgG contra alimentos refleja simplemente exposición — los niveles más altos se correlacionan con mayor consumo, no con reacciones adversas. Todas las principales sociedades de alergia e inmunología desaconsejan estas pruebas.
La conclusión práctica: la alergia alimentaria sospechada requiere evaluación especializada con pruebas validadas (prick test, IgE específica, desafío oral). Las intolerancias se confirman con pruebas funcionales (aliento con lactosa/fructosa). Las sensibilidades se evalúan mejor con dietas de eliminación estructuradas y reintroducción controlada bajo supervisión de un dietista.