Una conexión que los médicos apenas empiezan a mapear
Los dermatólogos han observado durante mucho tiempo que los pacientes con condiciones inflamatorias de la piel frecuentemente reportan síntomas gastrointestinales, y los gastroenterólogos notan que los pacientes con EII desarrollan desproporcionadamente afecciones cutáneas. La idea de un eje intestino-piel, una vía de comunicación bidireccional entre la microbiota intestinal y la fisiología cutánea, está ganando apoyo empírico.
Acné
Los pacientes con acné muestran diferencias en la microbiota intestinal comparados con controles, incluyendo diversidad reducida y depleción de taxones productores de AGCC. La señalización mTOR, que conecta la dieta con la proliferación de sebocitos, puede ser modulada por metabolitos microbianos. Sin embargo, no existe una intervención específica dirigida al intestino probada para el acné.
Eccema y dermatitis atópica
La disbiosis intestinal temprana (particularmente la reducción de Bifidobacterium) precede al desarrollo de la dermatitis atópica en cohortes de nacimiento. La suplementación con Lactobacillus rhamnosus GG en mujeres embarazadas y lactantes muestra beneficio modesto para la prevención del eccema en los metaanálisis.
Psoriasis
La psoriasis y la EII comparten la vía inflamatoria IL-23/IL-17. Los pacientes con psoriasis muestran perfiles microbianos intestinales distintos, con abundancia reducida de Faecalibacterium prausnitzii. La disbiosis intestinal y el aumento de la permeabilidad pueden amplificar la inflamación sistémica que impulsa las placas cutáneas.
Rosácea
La rosácea está asociada con disbiosis del intestino delgado (SIBO). Estudios observacionales muestran prevalencia aumentada de SIBO en pacientes con rosácea, y la erradicación de SIBO puede mejorar los síntomas cutáneos.