El concepto
El trasplante de microbiota fecal (TMF) consiste en transferir heces procesadas de un donante sano y cribado al tracto gastrointestinal de un paciente con un microbioma alterado. El principio es simple: reemplazar un ecosistema dañado con uno intacto. La práctica es antigua — documentada en la medicina china del siglo IV — pero la ciencia moderna solo ha validado rigurosamente una indicación.
Donde la evidencia es fuerte: C. difficile
El TMF alcanza tasas de curación del 80-90% para la infección recurrente por C. difficile (ICR), superando ampliamente la terapia antibiótica estándar. Los productos aprobados por la FDA (SER-109/Vowst, RBX2660/Rebyota) representan un hito regulatorio: el microbioma como medicamento.
Donde la evidencia es débil: todo lo demás
Los ensayos clínicos para SII, EII, obesidad, trastornos metabólicos y condiciones neuropsiquiátricas han producido resultados inconsistentes. La variabilidad del donante, la falta de estandarización del protocolo y la comprensión incompleta de qué componentes del microbioma median los efectos terapéuticos limitan el progreso.
Seguridad y riesgos
Cuando se realiza con donantes rigurosamente cribados, el TMF tiene un buen historial de seguridad para ICR. Sin embargo, los riesgos de transmisión de infecciones (incluidas bacterias multirresistentes) y los efectos desconocidos a largo plazo siguen siendo preocupaciones. El TMF casero no supervisado conlleva riesgos graves y nunca debe realizarse.