La nueva definición
Según Roma IV, el síndrome del intestino irritable se define como dolor abdominal recurrente que ocurre al menos 1 día por semana en promedio durante los últimos 3 meses, asociado a dos o más de: relación con la defecación, cambio en la frecuencia de las deposiciones o cambio en la forma de las deposiciones. Los criterios deben cumplirse durante los últimos 3 meses con inicio al menos 6 meses antes del diagnóstico.
Dos cambios críticos respecto a Roma III destacan. Primero, se eliminó 'malestar' — solo 'dolor' cualifica. Esto fue porque 'discomfort' se traducía mal entre idiomas y culturas, y su eliminación reduce la heterogeneidad diagnóstica. Segundo, se elevó el umbral de frecuencia de 3 días/mes a 1 día/semana, excluyendo a pacientes con síntomas ocasionales.
Subtipificación por forma de heces
Los subtipos del SII se clasifican ahora exclusivamente por la forma predominante de las heces usando la Escala de Bristol: SII-C (estreñimiento, Bristol 1-2 predominante), SII-D (diarrea, Bristol 6-7 predominante), SII-M (mixto, ambos patrones) y SII-I (inclasificado, sin patrón claro). La subtipificación se basa en los días con heces anormales, no en los días con cualquier deposición.
La subtipificación importa para la selección del tratamiento. El SII-D puede responder a loperamida, rifaximina, eluxadolina o alosetron. El SII-C puede responder a linaclotida, lubiprostona, plecanatida o tegaserod. El SII-M requiere enfoques flexibles. Los neuromoduladores (antidepresivos tricíclicos a dosis bajas, ISRS) son útiles en todos los subtipos.
Diagnóstico positivo
Roma IV enfatiza que el SII es un diagnóstico positivo — hecho al cumplir los criterios sintomáticos — no un diagnóstico de exclusión que requiere investigaciones extensas. Las pruebas recomendadas son limitadas: hemograma, PCR/calprotectina fecal (para excluir EII) y serología celíaca. Las investigaciones adicionales solo se justifican ante señales de alarma.
Este cambio de exclusión exhaustiva a investigación dirigida ahorra recursos sanitarios y, crucialmente, reduce el retraso diagnóstico que prolonga el sufrimiento del paciente y refuerza la incertidumbre y la ansiedad.
La brecha del biomarcador
La ausencia de un biomarcador diagnóstico sigue siendo la mayor limitación del SII. La calprotectina fecal excluye eficazmente la EII, pero no existe una prueba que confirme positivamente el SII. Los candidatos en investigación incluyen biomarcadores de permeabilidad intestinal, activación mastocitaria, microbioma y metaboloma, pero ninguno ha alcanzado la validación clínica.