La inmunidad que se vuelve contra sí misma
La enfermedad inflamatoria intestinal (enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa) es fundamentalmente un trastorno de regulación inmunitaria. El sistema inmunitario, que normalmente tolera las bacterias comensales, monta una respuesta inflamatoria crónica y descontrolada contra el propio intestino y su microbioma.
El papel de la inmunidad innata
En la enfermedad de Crohn, hay evidencia de defectos en la inmunidad innata — particularmente en la función de los macrófagos y en la autofagia (el reciclaje celular). Las mutaciones en NOD2/CARD15 reducen la capacidad de los macrófagos para eliminar bacterias intracelulares, provocando una respuesta inflamatoria compensatoria exagerada. La disfunción de las células de Paneth (productoras de defensinas) también contribuye.
La respuesta adaptativa desregulada
En ambas formas de EII, las células T helper producen un exceso de citoquinas proinflamatorias. En Crohn predomina la respuesta Th1/Th17 (IFN-γ, TNF-α, IL-17, IL-23). En colitis ulcerosa predomina una respuesta Th2 atípica (IL-13, IL-5). Las células T reguladoras (Treg), que normalmente suprimen la inflamación, son insuficientes o disfuncionales.
Pérdida de tolerancia al microbioma
Normalmente, el GALT mantiene tolerancia hacia los comensales mediante señalización de IgA, células dendríticas tolerogénicas y Treg. En la EII, esta tolerancia se rompe — el sistema inmunitario trata a las bacterias comensales como patógenos, perpetuando la inflamación crónica incluso en ausencia de infección verdadera.
Por qué la inmunosupresión funciona
Los fármacos para la EII actúan sobre diferentes puntos de esta cascada: los corticoides suprimen ampliamente la inflamación, los anti-TNF neutralizan una citoquina clave, el vedolizumab bloquea la migración de linfocitos al intestino, y los inhibidores de JAK bloquean la señalización intracelular de múltiples citoquinas. Comprender el mecanismo ayuda a entender por qué se elige cada fármaco.