Más allá de los huesos
La vitamina D es ampliamente conocida por su papel en la homeostasis del calcio y la mineralización ósea. Sin embargo, el descubrimiento de receptores de vitamina D (VDR) en prácticamente todos los tipos celulares del sistema inmunitario — incluyendo monocitos, macrófagos, células dendríticas, linfocitos T y linfocitos B — reveló que la vitamina D es un potente regulador inmunitario.
Inmunidad innata
La vitamina D mejora la función antimicrobiana de los monocitos y macrófagos al regular al alza la catelicidina y las beta-defensinas, péptidos antimicrobianos que destruyen bacterias, virus y hongos. Esto es particularmente relevante en las superficies mucosas, incluido el tracto gastrointestinal.
Inmunidad adaptativa
La vitamina D ejerce efectos predominantemente tolerogénicos sobre la inmunidad adaptativa: inhibe la proliferación de células Th1 y Th17 (proinflamatorias) mientras promueve las respuestas de células T reguladoras (antiinflamatorias). También modula la producción de anticuerpos por células B y la maduración de células dendríticas.
Deficiencia de vitamina D y enfermedad
La deficiencia de vitamina D (generalmente definida como 25(OH)D sérica < 20 ng/mL) es notablemente prevalente en pacientes con EII (hasta el 70% de los pacientes con Crohn), enfermedad celíaca, esclerosis múltiple y artritis reumatoide. Los estudios observacionales muestran consistentemente que los niveles más bajos se correlacionan con mayor actividad de la enfermedad, aunque la causalidad sigue debatiéndose.
Suplementación: qué dice la evidencia
La suplementación para restaurar niveles adecuados está bien respaldada en estados de deficiencia. Sin embargo, la suplementación con dosis suprafisiológicas como terapia inmunomoduladora sigue bajo investigación. Los ensayos controlados aleatorizados actuales muestran resultados mixtos, con beneficios más claros en la EII que en otras condiciones autoinmunes.