No es una intolerancia — es una enfermedad autoinmune
La enfermedad celíaca se confunde frecuentemente con la intolerancia alimentaria, pero la distinción es crítica. Es una condición autoinmune sistémica desencadenada por el gluten — una proteína de almacenamiento encontrada en el trigo, la cebada y el centeno — en individuos genéticamente susceptibles. A diferencia de las intolerancias alimentarias, la enfermedad celíaca causa un daño tisular demostrable: atrofia vellositaria en el intestino delgado con hiperplasia de criptas y aumento de linfocitos intraepiteliales.
Genética: HLA-DQ2 y HLA-DQ8
Prácticamente todos los pacientes celíacos portan HLA-DQ2 (aproximadamente el 90-95%) o HLA-DQ8 (5-10%). Sin embargo, estos alelos son comunes en la población general (30-40% los portan), por lo que la genética es necesaria pero no suficiente. Se necesitan factores ambientales adicionales para desencadenar la enfermedad.
Mecanismo
Los péptidos de gluten sobreviven a la digestión gástrica e intestinal. En individuos susceptibles, cruzan el epitelio intestinal y son desaminados por la transglutaminasa tisular (tTG). Estos péptidos modificados son presentados por moléculas HLA-DQ2/DQ8 a las células T CD4+, que montan una respuesta inmunitaria destructiva contra la mucosa del intestino delgado.
Diagnóstico: por qué las pruebas antes de eliminar el gluten son esenciales
La serología (anticuerpos anti-tTG IgA) y las biopsias duodenales requieren exposición activa al gluten. Si un paciente ya ha eliminado el gluten, los anticuerpos pueden normalizar y las biopsias pueden ser falsamente negativas. Las guías recomiendan una provocación con gluten (consumir gluten durante al menos 6 semanas) antes de las pruebas serológicas.
Más allá del intestino
La enfermedad celíaca puede manifestarse fuera del tracto GI: dermatitis herpetiforme (afectación cutánea), anemia ferropénica, osteoporosis, neuropatía periférica, problemas de fertilidad y elevación de transaminasas. El diagnóstico requiere un alto índice de sospecha.